Mecanismos de represión de movimientos sociales

Antes de leer este capítulo sería buena idea volver a leer la Introducción: el porqué de la seguridad digital para recordar que el enfoque principal de este libro son los movimientos sociales en Estados Unidos.

Lo que aprenderás

  1. Cómo reprime el gobierno de Estados Unidos los movimientos sociales
  2. Qué fue COINTELPRO (Counter Intelligence Program) y qué mecanismos usó para reprimir movimientos sociales

En Estados Unidos hay una larga historia de interferencia en los esfuerzos de los movimientos sociales, incluso dentro del mismo territorio, y en particular de los movimientos de liberación y de izquierda. Movimientos de organización laboral, de independencia, derechos civiles y en favor del medio ambiente han sido objeto de la oposición del gobierno de Estados Unidos, con frecuencia siguiendo las órdenes o en cooperación con grandes corporaciones.

Con el propósito de luchar contra los riesgos asociados con que un movimiento social no procure la seguridad digital, es útil revisar la forma en que el Estado ha interferido en el pasado en dichos movimientos. Esta historia puede resultar abrumadora y puede ser tentador desestimarla como algo que ocurrió en el pasado pero que no sucede ahora. Repasarla también puede conducir al derrotismo, en especial a la luz de las herramientas mejoradas digitalmente que el Estado puede usar contra un adversario (percibido o real).

Sin embargo, puesto que no debemos condenarnos a repetir errores del pasado, es necesario repasar la historia y aprender las lecciones pertinentes para que nuestros movimientos tengan mayor éxito en el futuro. Con el objeto de lograr esto sin convertir este libro en un libro de historia, recurriremos al trabajo académico de Jules Boykoff, quien categorizó las formas en que Estados Unidos se entrometió en los movimientos sociales del siglo XX. Boykoff menciona doce métodos de represión, que hemos compactado en siete en esta presentación.

Comprender estos modos históricos nos permitirá predecir la forma en que la vigilancia digital podría apoyar dichos modos, como se discutirá en el capítulo Amenazas digitales a movimientos sociales. Pero, lo que es más importante, podremos ver cómo el cifrado y la procuración de higiene digital pueden proteger a los movimientos sociales contra (algunas de) estas fuerzas contrarias, como se verá en la Parte 3 de esta obra.

Modos de represión

A continuación se presentan siete formas en que Estados Unidos ha reprimido y continúa reprimiendo movimientos sociales, con algunos ejemplos de sus usos. Desafortunadamente, estos ejemplos están lejos de ser exhaustivos.

1. Violencia directa

Golpizas, bombardeos, tiroteos y otras formas de violencia han sido perpetrados por el Estado u otras instituciones o nodos de poder en contra de ciudadanos disidentes.

Lo anterior podría haber sido resultado de la vigilancia policial de grandes grupos (como cuando la Guardia Nacional del Ejército de Ohio disparó a estudiantes durante una protesta contra la guerra en la Universidad Estatal Kent y asesinó a cuatro personas e hirió a otras nueve) o de asesinatos planeados (como en la redada nocturna organizada por el FBI contra el líder del Partido Pantera Negra, Fred Hampton). A riesgo de subestimarlas, estas acciones desalientan la participación en movimientos sociales por el temor a perder la vida o la integridad física.

2. El sistema legal

El sistema legal permite hacer arrestos para acosar, persecuciones y audiencias públicas, y el uso de leyes extraordinarias para interferir en las actividades de determinados individuos de manera sesgada. El Estado arresta a activistas por cargos menores que suelen ser falsos y algunas veces basados en estatutos inciertos que han permanecido en los libros, enterrados e inactivos, aunque han sido la vía para efectuar persecuciones legales selectivas. Las acusaciones y audiencias públicas pueden llevar a los disidentes a la cárcel o agotar sus recursos económicos en procedimientos legales que desvían su activismo e inmovilizan a los movimientos. Se ha desalentado de presentar ideas disidentes a personas que actualmente respaldan o que podrían ser aliados de alguna causa. Las acusaciones y audiencias difundidas por los medios de comunicación masiva resuenan en la esfera pública. Otra forma de represión legal es que el Estado promulgue y ejecute leyes y reglas extraordinarias para mantener atados a los activistas en el laberinto de la justicia criminal. Así es como se ha usado el sistema legal para sofocar el disenso.

Ciertos programas cuestionables para detener y cachear arbitrariamente han permitido a oficiales hacer justamente eso sin una causa probable. La existencia de zonas de libre expresión limita en gran medida la hora, el lugar y la forma en que es posible protestar. Quienes fueron arrestados en protestas protegidas por la Primera Enmienda durante la investidura de Donald Trump enfrentaron acusaciones por las cuales era muy improbable llegar a una condena. Asimismo, ciertos delitos como el incendio intencionado o la destrucción de propiedad suelen ser elevados a terrorismo cuando van acompañados de un motivo político, lo cual permite al Estado incrementar significativamente las penas asignadas. Otras leyes están diseñadas específicamente para disuadir el activismo, como las llamadas “leyes mordaza”, que criminalizan la filmación de operaciones de la agricultura (que se hace para exponer el abuso de animales).

3. Privación del empleo

Las creencias o actividades políticas de una persona pueden ser causa de sufrir la amenaza o hasta la pérdida del empleo. Algunos disidentes no son contratados, en primer lugar, debido a sus posturas políticas. Esto es perpetrado por los empleadores, aunque el Estado tiene una influencia directa o indirecta.

En tiempos recientes, hemos visto a profesores universitarios perder sus trabajos o a quienes han perdido ofertas de trabajo, como Steven Salaita, cuya oferta para trabajar como profesor de estudios sobre los nativos de América del Norte fue retirada tras las objeciones de algunos donadores de la universidad a una serie de Tweets de Salaita críticos de Israel y el sionismo. Desde hace varios años (aunque esto fue derogado por una corte federal), se solicitó a los contratistas del gobierno de Texas firmar un pliego en el que se comprometían a no participar en el movimiento pro-Palestina: Boicot, Desinversiones y Sanciones, so pena de cancelación de sus contratos. Esto tuvo como resultado el despido de un ciudadano estadounidense de ascendencia palestina que trabajaba como patólogo del habla en una escuela y que se negó a firmar dicha declaración.

4. Vigilancia abierta

El objetivo de la vigilancia abierta no es recabar información (lo cual se logra mejor en secreto), sino intimidar. Con ella se pretende lograr un efecto inhibidor en virtud del cual las personas reprimen su discurso y acciones por temor a represalias. Esta vigilancia puede incluso ahuyentar a quienes ya son activistas o desmotivar a otros posibles activistas. Aunque se ha considerado que el efecto inhibidor es inconstitucional, es difícil de probar en una corte que de hecho se ha hecho un daño y por tanto resulta un medio seguro de represión (desde la perspectiva de quien vigila).

El FBI cuenta con una larga historia de practicar la técnica de “tocar y hablar”, que consiste simplemente en visitar la casa de disidentes y activistas (y de sus familiares y empleadores) para “conversar”, con el objetivo de que la gente sepa que están bajo vigilancia.

5. Vigilancia encubierta

La vigilancia también puede enfocarse, como con el uso de espías, las intervenciones telefónicas y órdenes judiciales para obtener información, así como con el uso de infiltrados (agentes encubiertos que se vuelven miembros de un grupo-objetivo) e informantes (miembros de cierto grupo a quienes se paga o amenaza con el fin de extraer información). Y también puede dispersarse, como en la acumulación, almacenamiento y análisis de información perteneciente a individuos y grupos, obtenida a través de la vigilancia por internet, la violación de la correspondencia y otras técnicas de vigilancia en masa.

La dimensión del programa de informantes del FBI es considerable: en 2008 contaba con más de quince mil informantes. Después de los ataques del 11 de septiembre de 2011 (9/11), el FBI y grandes agencias de seguridad como el Departamento de Policía de Nueva York (NYPD, por sus siglas en inglés) volcaron sus programas de inteligencia contra las comunidades musulmanas estadounidenses. Esto incluyó la vigilancia estrecha por parte del FBI de abogados, profesores, y del director ejecutivo de la organización más grande de derechos civiles de musulmanes en Estados Unidos (Council on American-Islamic Relations). El NYPD tomó como objetivos a mezquitas y asociaciones estudiantiles, organizaciones y negocios de musulmanes mediante el uso de informantes, infiltrados y vigilancia. La supuesta lógica del NYPD era identificar “terroristas” potenciales a través de la identificación de “indicadores de radicalización”, que incluían actividades protegidas por la Primera Enmienda, como “usar vestimenta según la tradición islámica [y] usar barba”, al igual que “involucrarse en activismo social”.

6. Engaño

El término Snitchjacketing se aplica cuando una persona (con frecuencia un infiltrado) crea sospechas de que un verdadero activista es un informante del Estado o se presenta de alguna otra forma maliciosa en un movimiento social. Se conoce como agentes provocadores a los infiltrados o informantes cuyo objetivo es promover la violencia y actividades o tácticas ilegales (en lugar de simplemente reportar sobre actividades) con el propósito de atrapar legalmente o desacreditar a un grupo. La falsa publicidad es el uso de documentos fabricados, diseñados para dividir o minar la solidaridad en las organizaciones de activistas. Dichos documentos cuestionables, ofensivos y algunas veces violentos, tienen la intención de crear tensión dentro de y entre grupos.

Infiltrados del FBI han actuado como agentes provocadores conduciendo grupos hacia un camino de actividades ilegales que de otra forma no habrían seguido. Mohamed Mohamud era un estudiante de la Universidad Estatal de Oregon que fue contactado por un agente encubierto del FBI que durante un periodo de cinco meses sugirió y proporcionó los medios para que Mohamud hiciera detonar explosivos durante la ceremonia de encendido del árbol de Navidad de Portland, el 26 de noviembre de 2010. La bomba era falsa, pero Mohamud fue sentenciado a treinta años de prisión.

Eric McDavid pasó casi nueve años en prisión acusado de conspirar para dañar propiedad corporativa y gubernamental después de que un informante pagado por el FBI actuó como agente provocador: incitó al grupo de McDavid a cometer destrucción de propiedad y les proporcionó información para hacer bombas, dinero para comprar los materiales necesarios, transporte y una cabaña para trabajar. La sentencia de McDavid fue revertida debido a que el FBI omitió revelar a la defensa evidencias potencialmente exculpatorias.

7. Influencia de los medios de comunicación masiva

Existen dos tipos principales de manipulación mediática: (1) creación de historias; en este caso, el Estado hace uso de sus contactos en la prensa para publicar artículos generados por el gobierno, palabra por palabra o con ajustes menores, y (2) intimidación; el Estado intimida a periodistas o editores para evitar que información no deseada llegue a publicarse. Además de eso, el menoscabo efectuado por los medios masivos muestra a los disidentes como ridículos, extraños, peligrosos o fuera de sintonía con la sociedad en general.

Es frecuente que esto se deba más al apego responsable de los medios a las normas y valores periodísticos que a alguna conspiración. Las subestimaciones de los medios ocurren cuando los activistas y el Estado presentan cálculos discrepantes sobre las dimensiones de protestas, marchas y otras actividades; ante esto, los medios tienden a aceptar las bajas cifras del Estado. También ocurre que los medios hacen compensaciones falsas entre la cantidad de disidentes y de aquellos que se oponen a las manifestaciones. Muchos esfuerzos disidentes nunca llegan al orden del día de los medios de comunicación masiva o quedan enterrados en las secciones más pequeñas de los periódicos. No solo el Estado, sino también las organizaciones de medios más poderosas o sus dueños pueden perpetrar este tipo de represión.

Tras la invasión de Irak después del 9/11, las opiniones contra la guerra fueron minimizadas de forma consistente ya que recibieron poca cobertura. Solo por poner un ejemplo, en septiembre de 2006 el Oregonian informó de esta forma sobre protestas contra la guerra que reunieron en las calles a más de 200 mil personas en todo Estados Unidos: reportó una protesta contra la guerra de 100 mil personas en Washington, DC, en la página 10, junto a un artículo sobre una protesta en Portland. El artículo estimaba la presencia de cien personas en esta última protesta, aunque evidencia aérea mostraba más de 3 mil. En cambio, una manifestación contraria a la protesta antiguerra en Washington, DC, fue cubierta en la página 2, con una fotografía y un texto más grandes, aunque solo 400 personas asistieron a ella.

Interferencia en las tecnologías de la información

Este libro sería omiso si no mencionáramos la censura y otras interferencias en las tecnologías de la información. Se trata de una forma adicional de represión, con especial pertinencia en la Era de la Información, que se entrecruza con el engaño y la influencia de los medios de comunicación masiva y a través de la cual se bloquea el acceso a internet o la infraestructura relacionada o se deniega de alguna otra forma el acceso a ella a los movimientos sociales: por ejemplo, inhabilitando el acceso a internet o a redes celulares durante una protesta, censurando ciertos sitios o tipos de tráfico de internet o bajando el sitio web de algún movimiento social.

Boykoff no incluye en su catálogo esta forma de represión porque su uso no se ha extendido dentro de Estados Unidos a manos de Estados Unidos, principalmente debido a las protecciones constitucionales del país. Sin embargo, su uso sí se ha extendido al rededor del mundo. Se sabe que ciertos gobiernos bloquean el acceso a internet en el ámbito nacional (como en el apagón de internet de una semana en Irán, usado como medio para reprimir las protestas) o limitan el acceso a ciertos recursos (como El Gran Firewall de China, que bloquea Google, Facebook, Twitter y Wikipedia). Compañías estadounidenses también participan en esto, pues se someten a la censura extranjera: Zoom (un servicio de conferencias) canceló a petición de China las cuentas de tres activistas que habían planeado eventos para conmemorar la masacre de la plaza de Tiananmén.

En contexto: COINTELPRO y la era de COINTELPRO

Entre los años cincuenta y los años setenta del siglo pasado, el FBI llevó a cabo un conjunto de actividades secretas, de contrainteligencia nacional, que se conocen ahora como COINTELPRO, bajo el liderazgo del entonces director del FBI, J. Edgar Hoover.

COINTELPRO se originó a partir de los programas anticomunistas del gobierno de Estados Unidos, durante el Temor Rojo, y pretendía “alterar por cualquier medio necesario” la organización y esfuerzos de activistas de movimientos como Poder Negro, en favor de la independencia de Puerto Rico y de los derechos civiles, por mencionar algunos. En relación con los movimientos en favor de los derechos civiles y con Poder Negro (e incluyendo las actividades de Martin Luther King, Jr.), COINTELPRO tenía órdenes de “exponer, alterar, distraer o neutralizar de alguna otra forma las actividades de organizaciones y agrupaciones de nacionalismo negro de tipo opositor, de su liderazgo, portavoces, miembros y simpatizantes, para contrarrestar su propensión a la violencia y al desorden civil”.

COINTELPRO fue expuesto gracias al robo de cajas llenas de documentos confidenciales del FBI obtenidos en un robo realizado en 1971, por parte de la Comisión Ciudadana para Investigar al FBI. Sus miembros hicieron público esto tras las revelaciones de Ed Snowden, y los documentos restantes de COINTELPRO salieron a la luz gracias a la ley de acceso a la información (Freedom of Information Act, FOIA). La filtración hecha por la comisión dio como resultado la formación del Comité Church del Senado de Estados Unidos en 1975, el cual reprendió al FBI por realizar “actividades de inteligencia nacional que han invadido la privacidad personal y violado los derechos a la libre asamblea y a la expresión política” y, por último, canceló COINTELPRO. El Comité Church prologó su reprimenda de este modo:

Hemos visto que algunos segmentos de nuestro gobierno, en sus actitudes y acciones, han adoptado tácticas indignas de una democracia y que en ocasiones evocan regímenes totalitarios. Hemos observado un patrón en el cual programas que se iniciaron con metas limitadas, como evitar la violencia criminal o identificar a espías extranjeros, se expandieron a lo que testigos describieron como “aspiradoras” que succionaban toda información sobre actividades legales de ciudadanos estadounidenses. La tendencia de las actividades de inteligencia a expandirse más allá de su alcance inicial es un tema que atraviesa todos los aspectos de nuestros hallazgos investigativos. Los programas de recopilación de inteligencia generan de forma natural una demanda permanentemente creciente de datos nuevos. Y una vez reunida esa inteligencia, hay fuertes presiones para usarla en contra del objetivo.

Los siguientes modos de represión fueron usados por el FBI o sus asociados como parte de COINTELPRO o contra los blancos de COINTELPRO.

1. Violencia directa

El asesinato de Fred Hampton mencionado anteriormente fue una operación conjunta del FBI y el Departamento de Policía de Chicago. Fred Hampton era el presidente del Partido Pantera Negra, una organización política socialista revolucionaria de finales de los años sesenta y los setenta del siglo pasado, cuyo propósito era proteger a estadounidenses negros y ofrecer programas sociales (como desayunos y clínicas de salud). El Partido Pantera Negra (BPP, por sus siglas en inglés) fue categorizado como un “grupo de odio nacionalista negro” por el FBI, para incluirlo como blanco de COINTELPRO. El asesinato de Hampton fue respaldado por otros medios de represión, incluyendo:

  • Vigilancia encubierta. Un infiltrado pagado por el FBI proporcionó inteligencia que hizo posible la redada que condujo al asesinato de Hampton.
  • Engaño. El mismo infiltrado creó una atmósfera de desconfianza y suspicacia en el interior del BPP gracias a que hizo snitchjacketing con otros miembros del partido.
  • Influencia de los medios de comunicación masiva. Tras el asesinato de Hampton, se caracterizó a los miembros del BPP como demonios populares, pues las representaciones de los medios se volvieron cada vez más distorsionadas.

 2. El sistema legal

Angela Davis, comunista, integrante del Partido Pantera Negra y blanco de COINTELPRO, fue acusada de “secuestro agravado y asesinato en primer grado” por la muerte de un juez de California que fue secuestrado y asesinado durante una melé con la policía, aunque Davis no estaba en la escena. El estado de California sostuvo que las armas usadas por los secuestradores eran propiedad de Davis y consideró que “todas las personas relacionadas con la comisión de un crimen, ya sea que hayan cometido el acto que constituye la ofensa directamente o no, […] son actores en cualquier crimen cometido de esta forma”. No se pudo localizar a Davis en ese momento, y J. Edgar Hoover la incluyó en la lista de los “Diez fugitivos más buscados” por el FBI. Meses más tarde, Davis fue arrestada y pasó dieciséis meses en prisión a la espera de un juicio en el cual la declararon inocente.

3. Privación del empleo

Antes de su batalla con el sistema legal, Davis fue despedida de su trabajo como profesora de filosofía en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA, por sus siglas en inglés) debido a su afiliación al Partido Comunista durante su primer año de empleo, en 1969. Se consideró que era inapropiado que enseñara en el sistema de California. Su despido se dio a petición del entonces gobernador de California, Ronald Reagan, quien adujo una ley de 1949 que prohibía la contratación de comunistas en la Universidad de California. Esto pone de realce la persistencia de la época del Temor Rojo y el Macartismo, los cuales permearon las décadas de los cuarenta y los cincuenta del siglo pasado. El FBI promovió la demonización del comunismo a través de su programa COMINFIL (Infiltración comunista), predecesor de COINTELPRO, el cual rastreó y siguió las actividades de movimientos laborales, de justicia social y de igualdad racial.

4. Vigilancia abierta

En la primera tanda de documentos del FBI sobre COINTELPRO que vio la luz se encontraba un documento titulado “Notas sobre la Nueva Izquierda”. Nueva Izquierda se refiere a un extenso movimiento político de los años sesenta y setenta del siglo pasado, cuyos grupos hacían campaña sobre temas sociales como los derechos civiles y políticos de las mujeres y los homosexuales y en favor del derecho al aborto. En la discusión sobre cómo enfrentar los “problemas planteados por la Nueva Izquierda”, el memorando de la oficina local del FBI en Filadelfia señala que “[h]ubo un consenso bastante general de que procede hacer más entrevistas con estos sujetos y parásitos por muchas razones, la principal de las cuales es que aumentará la paranoia endémica de estos círculos y también servirá para hacerles saber que hay un agente del FBI detrás de cada buzón. Además, algunos resultarán abrumados por las personalidades apabullantes de los agentes que contacten y se ofrecerán a comunicarlo a todos, tal vez en forma continua”.

5. Vigilancia encubierta

El Comité Church reportó vigilancia encubierta que “no solo era excesiva en su extensión, sino también conducida con frecuencia a través de medios ilegales o inapropiados”. Es de resaltar que tanto la CIA como el FBI tenían “programas para abrir correspondencia” que violaban y fotocopiaban en gran escala cartas enviadas dentro de Estados Unidos: cerca de un cuarto de millón por parte de la CIA entre 1953 y 1973 y 130,000 por parte del FBI entre 1940 y 1966. Además, tanto la CIA como el FBI mintieron al presidente Nixon sobre la continuación de dichos programas.

6. Engaño

Era común que el FBI enviara cartas o volantes para sembrar la discordia entre grupos afines. A continuación se muestra una caricatura hecha por operativos del FBI para falsear la imagen de participantes en movimientos e incitar a la violencia entre los grupos de nacionalismo negro Organización US (coestablecido por Maulana Karenga) y el Partido Pantera Negra, cuyos miembros más prominentes eran Huey Newton, David Hilliard, Bobby Seale, John Huggins y Bunchy Carter). La caricatura muestra a Karenga eliminando al BPP. Posteriormente, el FBI reivindicó la muerte de dos miembros del BPP a manos de tiradores del gobierno de Estados Unidos.

7. Influencia de los medios masivos de comunicación

La manipulación de los medios de comunicación masiva fue un principio explícito de COINTELPRO contra la Nueva Izquierda. De acuerdo con el Comité Church, “Gran parte de los esfuerzos de propaganda del FBI implicaron dar información a fuentes “amigables” de los medios, en quienes podían confiar que no revelarían los intereses del Buró. La División de Registros Criminales del Buró fue responsable de las relaciones públicas, incluyendo todos los contactos de la oficina central con los medios. En el curso de su trabajo (la mayor parte del cual no tenía que ver con COINTELPRO), la División compiló una lista de fuentes “amigables” de los medios, quienes escribieron historias en favor del Buró. Las oficinas locales también tenían “fuentes confidenciales” (informantes no pagados del Buró) en los medios, y se aseguraron de obtener su cooperación.”

Caricatura del FBI para incitar a la violencia
Caricatura del FBI para incitar a la violencia

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Excepto cuando se especifiquen otros términos, A la defensa del disenso por Glencora Borradaile se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional.

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